La talla del diamante
La talla es la única C hecha por la mano humana, y es la que decide cómo devuelve la luz la piedra. Aquí están los grados y las proporciones detrás de ellos.

De las cuatro C que determinan la calidad de un diamante, la talla es la característica más importante a la hora de elegirlo, pero también la más compleja de entender. El término «talla» describe además la forma (se abre en una pestaña nueva) del diamante: redonda, corazón, cuadrada, etc.
La talla no se refiere solo a las dimensiones y la simetría del diamante, sino también al delicado diseño de cada una de las facetas de la piedra; la combinación de estos factores, junto con su acabado general, es lo que se conoce como la talla del diamante.
Las medidas, la simetría y el pulido del diamante determinan cómo se refleja la luz en la piedra. Cuanto mejor es el grado de talla, más brilla el diamante. Una buena talla produce tres efectos ópticos: los reflejos de luz blanca en la piedra, llamados brillo; los destellos de color conocidos como «fuego»; y las zonas de luz y sombra denominadas centelleo.
Para comprender algunos de los aspectos más finos de la talla de los diamantes, conviene conocer primero un vocabulario básico:
- Diámetro - la anchura del diamante de un lado de la piedra al otro.
- Tabla - la faceta grande (la cara) en la parte superior del diamante.
- Filetín - el borde del diamante, entre la corona por encima y la parte inferior del diamante por debajo; la mayor circunferencia de la piedra.
- Corona - la parte superior del diamante, desde el filetín hasta la tabla.
- Culet - la punta fina en el extremo inferior del diamante.
- Pabellón - la parte del diamante situada bajo el filetín.
- Profundidad - la medida del diamante desde la tabla hasta el culet.
Deja que la luz brille
Cada talla de diamante tiene sus propias proporciones, que influyen directamente en los rayos de luz que lo atraviesan y se reflejan en él. A diferencia del vidrio, el diamante permite que los rayos de luz lo penetren y posee además la capacidad óptica de devolverlos al ojo del observador. Parte de los rayos que inciden en el diamante pulido penetran en la piedra y otra parte se refleja en su superficie. Los rayos que entran en el diamante se refractan y regresan a través de los numerosos ángulos pulidos de la corona. Ese reflejo crea el resplandor centelleante que se denomina fuego del diamante. Algunos rayos entran y salen por la tabla, lo que influye en el centelleo y constituye el brillo del diamante. En realidad, la talla del diamante es lo que más influye, mucho más que su color o su pureza, y en ello reside su belleza.
Si un diamante se talla demasiado bajo, la luz puede escaparse por debajo y reducir el brillo. Si la talla es demasiado profunda, la luz puede dispersarse por los lados y, de nuevo, afectar al centelleo. Un diamante con buenas proporciones permite que la luz circule en su interior y la refleja a través de la tabla y la corona para lograr el máximo centelleo.
Los diamantes se clasifican por su talla según la siguiente escala:
- Excelente (Ex) - tallado con proporciones excelentes, que permiten el máximo brillo.
- Muy buena (VG) - proporciones excelentes, de primer nivel; un brillo excepcional a un precio ventajoso.
- Buena (G) - un diamante de calidad, que ofrece un brillo notable; por lo general, una excelente relación calidad-precio.
Existen otras tallas, pero son menos recomendables.
Los diamantes que cuentan con un certificado GIA o IGI (se abre en una pestaña nueva) se clasifican según la escala de esos organismos.
¿Qué talla es la mejor para ti?
La talla de un diamante, su forma, es sobre todo una cuestión de preferencia personal. Lo que a ti te parece hermoso puede resultar menos impresionante a otra persona. Algunos preferirán una piedra redonda mientras que otros preferirán una forma de pera, por ejemplo. Uno preferirá el aspecto de una tabla más grande, mientras que otros preferirán una más pequeña. Hay empresas que ofrecen fotografías e incluso vídeos de los diamantes reales (no una imagen de muestra), para que puedas decidir por ti mismo.
Como la talla influye tanto en el centelleo y varía de una piedra a otra, esta es la C en la que más compensa ver el diamante concreto. Cada vez más compradores prefieren proveedores que les permiten examinar la piedra exacta - su informe de clasificación, sus medidas y fotografías o vídeos reales - en lugar de una imagen de muestra. Comprar más cerca del origen, directamente a un fabricante o a un proveedor consolidado, suele significar además una selección más amplia para comparar y precios más claros; puedes, por ejemplo, consultar diamantes sueltos uno a uno (se abre en una pestaña nueva) con sus certificados en un proveedor directo como Israel Diamonds antes de elegir.
La probabilidad de que dos diamantes sean completamente idénticos es nula: cada diamante es único, con sus propias medidas, color y defectos internos, debido a la manera en que se formó a lo largo de miles de años.
Hay que ver la piedra físicamente para «conectar» con el brillo y el fuego que encierra… ¡dentro de los límites del presupuesto, por supuesto!
